Seguro piensas: «Yo no vine aquí a leer sobre política, Alonzo. No me suscribí a esta columna para hablar de política».
Y sí, tienes razón.
Pero hay algo que quizás estamos pasando por alto: todo es política. Hasta el silencio.
Por eso, una guerra al otro lado del mundo, entre dos países que no son los nuestros, por razones que nadie nos consultó, puede terminar con mi boleto de metro, mi café de la mañana o el resto de mi vida mucho más cara.
Y no importa si me lees desde Argentina, Colombia, México, Brasil, China o el mismísimo Irán. Lo que sucede a miles de kilómetros termina pasando factura en nuestro propio techo.
De ahí el interés por lo que pasa en el mundo.
Lo que ocurrió el martes por la noche en Estados Unidos es tan relevante para entender el presente como importante para los libros de historia.
Porque pocas cosas pueden ser tan impredecibles, apasionantes y hasta absurdas como la política estadounidense. Sus elecciones tienen más giros argumentales que tu serie favorita.
Y bueno, vamos paso a paso.
1. ¿Qué Pasó el Martes Por la Noche?
El país más influyente del mundo, muchas veces para mal más que para bien, celebró sus elecciones de medio término, o como se conocen en inglés: midterms.
Los midterms tienen una virtud y un defecto, y, ambos forman parte de la misma idea.
La virtud es que funcionan como una especie de referéndum sobre la gestión del presidente.
Una medición a medio camino para saber qué piensa la ciudadanía sobre el rumbo que lleva su gobierno.
Una oportunidad para pasarle factura, respaldarlo o recordarle que todavía tiene dos años por delante, pero que el cheque no está en blanco.
En Costa Rica eso no sucede. Te comes 4 años completos sin una elección legislativa intermedia que permita medir el descontento o el respaldo ciudadano.
Es como cuando tu mamá decía: «No te levantas de la mesa hasta que te comas toda la comida».
Poco importa si durante esos cuatro años la comida sabía a diablos. Te toca terminar el plato.
Sé que México y Argentina tienen un sistema similar al de Estados Unidos en ese sentido, así que no hay por qué extenderse mucho en la explicación.
Pero los midterms también tienen su lado negativo.
Cuando tienes elecciones cada 2 años, el país vive prácticamente en campaña permanente.
No hay descanso, no hay tregua y, sobre todo, no hay manera de escapar de la mercancía de turno: la esperanza.
Ahora bien, lo que hace fascinantes a las elecciones estadounidenses es que estamos, básicamente, ante el circo romano de la política mundial.
Personajes nuevos aparecen en escena y, para bien o para mal, todos tienen algo que aportar al espectáculo. Muchos terminan convirtiéndose en protagonistas de una noche que probablemente no estaba destinada a ellos.
En la noche electoral, las principales cadenas de televisión se lanzan a una maratón de cobertura.
Estado por estado, nos cuentan quién está ganando, quién está perdiendo y cómo esos resultados van dibujando la futura composición del Congreso.
Tal vez suena aburrido en el papel, pero en la práctica es absolutamente hipnótico.
Es mejor que cualquier novela o serie de drama que tengas en tu lista de Netflix.
Y si me apuran, estoy dispuesto a conceder que puede ser incluso más interesante y morboso que cualquier partido de primetime de la NFL.
Este es Steve Kornacki. Una especie de superhéroe de los números y, para muchos, todo un personaje de la cultura pop y política estadounidense.
Su popularidad es tal que NBC le dedica una cámara exclusiva durante la cobertura de los resultados electorales.
Y cuando digo que Kornacki es un fenómeno, lo digo muy en serio.
A las 3:09 de la madrugada publicó un tuit agradeciendo a quienes seguían despiertos acompañándolo durante sus análisis.
Al momento de escribir estas líneas, esa publicación ya había alcanzado a 1,6 millones de personas.
Pero Kornacki es solo una minúscula parte de la cantidad de personajes que nos dejó esta elección de 2026.
Lo cual me lleva a…
2. Piensen en los aficionados del Real Madrid.
Tienen un ego superior al de sus rivales, alimentado por la cantidad de Ligas de Campeones en su vitrina, y poco les importan las razones de cómo llegaron ahí.
No tienen demasiados escrúpulos a la hora de defender su grandeza y, cuando se trata de presumir sus victorias, pueden llegar a ser bastante insoportables.
Su rival directo siempre será el FC Barcelona. Por razones deportivas, ideológicas y, por supuesto, por esos aires de superioridad que históricamente han acompañado a ambos clubes. Imaginar a alguien vestido de azulgrana les revuelve el estómago.
Ahora imaginen que las cosas están tan mal en Madrid, pero tan, tan mal, que un buen día algunos de esos aficionados deciden levantarse y cambiar de bando.
De pronto se compraron una camiseta vintage de Messi y caminan con una bufanda en su cuello que dice «Més que un club».
¿Suena ilógico, no? Suena imposible. Suena inimaginable. Y sí, suena absolutamente risible.
Pues eso fue lo que sucedió en Texas el martes por la noche.
James Talarico, un educador de profesión y representante del Partido Demócrata, ganó su puesto en el Senado en un estado que ha sido territorio hostil para los demócratas durante las últimas 4 décadas.
La última vez que un demócrata había ganado una elección para el Senado federal en Texas fue en 1988.
Para ponerlo en perspectiva, yo tenía 2 años. Hoy tengo problemas de rodillas y espalda. Y estoy bastante seguro de que muchos de ustedes ni siquiera estaban en los planes de sus padres.
Talarico no solo ganó en un lugar que parecía imposible, sino que aplastó a su rival, Ken Paxton, al mismo nivel que los Eagles aplastaron a los Chiefs en el Super Bowl LIX.
Que no quepa duda de que James Talarico logró la victoria más imponente e importante de estas elecciones para los demócratas y fue el poster boy de los azules hasta que apareció…
3. Abdul El-Sayed, mejor conocido en el bajo mundo de las redes sociales como Evil-Mamdani.
Abdul, de 42 años, es epidemiólogo de profesión y uno de esos personajes que llegaron para sacudir el status quo de cómo se hace política en Estados Unidos.
Atrás quedaron los políticos aburridos con promesas falsas y peinados de Lego. Adelante la juventud, las nuevas ideas y el atrevimiento de desafiar la monotonía política con pensamiento crítico y encanto.
Ojo a esta respuesta sobre el tema del aborto. Es alucinante.
Independientemente de qué lado estés de este complicado debate, Abdul manejó su comentario con asertividad, carisma y una sustancia que no solemos encontrar en los políticos.
El-Sayed es extremadamente inteligente y rápido en sus respuestas. Pero también tiene una lengua afilada, cargada de ácido y veneno, que utiliza sin demasiados reparos contra sus rivales y quienes cuestionan sus posiciones.
Su manera de recibir críticas y manejar al público es igualmente impresionante. Y esta campaña nos dejó decenas de ejemplos.
En una ocasión, una reportera le preguntó por qué, si anteriormente había criticado al expresidente Barack Obama, ahora estaba haciendo campaña junto a él.
Desde el punto de vista periodístico, esto es lo que se conoce como un gotcha moment. Básicamente, un «te atrapé».
La pregunta busca exponer una supuesta contradicción o hipocresía de El-Sayed, una posición de la que cualquier político tendría dificultades para salir.
Pero Abdul respondió con una analogía fascinante:
«No porque ames a tus padres significa que estés de acuerdo con todo lo que te dicen».
Y tomando en cuenta que mi madre es una cristiana ferviente y que mi padre y yo tenemos posiciones políticas completamente opuestas, esta respuesta me cae como anillo al dedo.
No pensamos igual, pero eso no significa que vaya a quererlos menos por nuestras diferencias.
Arriba les mencioné que El-Sayed es conocido en los rincones más oscuros del internet como «Evil-Mamdani». Y hay una razón.
Zohran Mamdani es el todavía relativamente nuevo alcalde de Nueva York.
Nació en Uganda y se ha convertido en un fenómeno de las redes sociales gracias a su cercanía con los neoyorquinos.
Mamdani es simpático, alegre y siempre está disponible para quienes lo eligieron. Incluso después de su campaña política.
Aquí lo pueden ver repartiendo agua durante la maratón de Nueva York del pasado fin de semana.
La gente incluso busca tomarse una fotografía con él mientras corre.
Y no es extraño encontrarlo caminando por las calles de Nueva York como cualquier otro peatón.
De ahí que su presencia en redes sociales haya adquirido semejante dimensión.
Claro, nada de esto tendría demasiado sentido si no estuviera haciendo cosas positivas por la ciudad.
Y, al menos desde lo que puedo observar detrás de mi escritorio, eso es precisamente lo que parece estar llegando a mi algoritmo.
Tendré que volver a Nueva York a comprobarlo como buen periodista.
Pero Mamdani es uno de los protagonistas de esta historia, aunque no tenga absolutamente nada que ver con el Senado de Estados Unidos. La razón es sencilla: mucha gente compara a Abdul El-Sayed con él.
Es más, seguramente El-Sayed no ganaba en Michigan si Nueva York no le hubiese dado una oportunidad a Mamdani unos meses antes.
Ambos son musulmanes y llegaron a romper el status quo de la política estadounidense usando su carisma e inteligencia.
Entre sus diferencias está que El-Sayed nació en Estados Unidos, mientras que Mamdani nació en Uganda y posteriormente adquirió la ciudadanía estadounidense.
Sin embargo, su mayor distinción es la personalidad.
A diferencia de Zohran, que siempre parece tener una sonrisa a disposición y mantiene la calidez incluso en los momentos más incómodos, Abdul es mucho más frontal. Y no tiene problema en ponerse los guantes y enfrentarse a quien sea cuando considera que hace falta.
De ahí viene el apodo de «Evil-Mamdani».
Durante su discurso de victoria, El-Sayed no tuvo ningún reparo en lanzar comentarios sarcásticos contra el presidente Donald Trump, el vicepresidente JD Vance y su contrincante directo en Michigan, Mike Rogers.
Los tres habían cuestionado públicamente su lealtad a Estados Unidos, a pesar de que, como ya mencioné, El-Sayed es ciudadano estadounidense de nacimiento.
Pero tal vez su momento más vulnerable llegó con este anuncio protagonizado por sus abuelos.
Es uno de los mejores que recuerdo en cualquier campaña política.
Esa combinación de inteligencia y sarcasmo, tan impregnada en la personalidad de El-Sayed, fue parte de lo que lo llevó a conseguir la victoria en Michigan.
Aunque no está de más decir que, a partir de ahora, serán los frutos de su trabajo los que determinarán hasta dónde puede llegar.
El 3 de mayo de este año, Abdul había pedido 3 meses para darle vuelta a la elección que estaba en su contra.
Y vaya que lo logró.
Y por último…
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4. En cada historia hay un villano. Es la naturaleza de los cuentos.
Y si camina como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, entonces probablemente sea… Donald.
Donald John Trump es uno de los personajes políticos más surrealistas de la historia de Estados Unidos.
Su manera de ser genera sentimientos muy fuertes. Desde quienes lo siguen hasta la muerte, como si formaran parte de un clan, hasta quienes lo aborrecen por su personalidad grotesca.
Trump es un genio de la atención. Pero hasta ahí llega el calificativo. Es un genio para captar la atención, nada más.
Para todo lo demás es un impostor y él lo sabe.
Donald le pidió a la gente que fuese a votar como si él estuviera en la papeleta. Lo hizo convencido de que su popularidad sería suficiente para que el Partido Republicano saliera victorioso en estas elecciones. Pero la vida le dio un cachetazo monumental.
Trump es tan impostor que inclusive su famoso lema «Make America Great Again» es robado, proveniente de otro infame expresidente: Ronald Reagan.
En su delirio narcisista, el anaranjado pensaba que la gente lo seguiría hasta la muerte tras su victoria hace 2 años en las elecciones presidenciales, sin entender el escenario más básico de la política.
¿Cómo se gana una elección?
«The economy, stupid».
(Es la economía, estúpido).
La frase se hizo famosa durante la campaña de Bill Clinton en 1992. Y sí, hay cosas que no han cambiado desde entonces y que probablemente tampoco cambien en el futuro.
La gente suele votar por quien le promete mejorar su bolsillo y por quien evita meterle las manos en el dinero que ya ganó. Menos impuestos, más ingresos y una vida que no cueste cada vez más.
Es tan simple como eso.
Piensen en sus respectivos países y en cómo sus actuales presidentes seguramente llegaron al poder apoyándose en esas mismas ideas.
Todo lo demás es el decoro de la comida. Los derechos humanos, la responsabilidad social y la educación son importantes, claro. Pero no siempre son los factores que terminan inclinando la decisión de un votante cuando llega el momento de marcar la papeleta.
Trump cometió su primer gran error al enfrentarse con otros países por el tema de los aranceles (tariffs).
La guerra comercial y la incertidumbre que generó terminaron golpeando la economía y alimentando el rechazo hacia Estados Unidos, especialmente fuera de sus fronteras.
Donald intentó jugar de bully contra un país vecino como Canadá, pero los canadienses no se lo permitieron.
Al contrario, muchos respondieron con una mezcla de rebeldía y patriotismo. Redujeron sus viajes a Estados Unidos y terminaron golpeando, entre otros, a los pequeños pueblos que solían visitar regularmente. Pueblos cuyos habitantes, en muchos casos, votaban por los rojos del Partido Republicano.
Su segundo gran error, y posiblemente el más grave de todos, fue dejarse hablar al oído por el criminal de guerra Benjamin Netanyahu.
Ustedes no saben, pero quién soy yo para mentirles, pero Benji había intentado hablarle al oído a múltiples expresidentes con la idea de que atacaran Irán desde hace décadas; sin embargo, no lo había conseguido.
Trump, que tiene esa obsesión de ser recordado por la historia como una especie de emperador del siglo XXI, terminó respaldando la ofensiva contra Irán.
Ahora, también la vida tiene coincidencias interesantes que, muchas veces, te juegan una mala pasada.
Si Estados Unidos no captura a Nicolás Maduro con tal facilidad el 3 de enero de 2026, seguramente Trump no tomaba la decisión de apoyar a Netanyahu en su nefasta pelea con Irán.
La operación por Maduro duró tan poco y fue tan limpia que eso engañó a Trump sobre la fortaleza del ejército gringo.
Es como cuando goleas a un equipo que va último en la tabla y te crees el mejor del mundo. Luego te enfrentas a un rival de otra categoría, uno que tiene la capacidad de golpearte de vuelta. Te sorprende, te genera incertidumbre, miedo y, de pronto, entiendes que quizás cometiste un error.
En la mente de Trump, la guerra contra Irán durararía unos días. Ya estamos en 8 meses y contando, desde que Estados Unidos atacó el 28 de febrero.
Ese segundo y catastrófico error le generó el enorme rechazo de la gente en las elecciones, porque encareció la vida y erró en el punto más importante para un votante: «It’s the economy, stupid».
El Tsunami Azul demócrata ganó 54 de los 51 puestos necesarios para controlar el Senado. Y también ganó la Cámara de Representantes.
Pero la noticia no es solo que ganara las 2 peleas, sino que la mayoría de las victorias se produjeran donde ganó (Texas, South Carolina, Kansas), porque explica el rechazo de la población republicana y el repudio a Trump y a su movimiento MAGA.
Los demócratas, sin embargo, serían bastante ilusos en pensar que el pueblo de Estados Unidos está con ellos a partir de sus ideas e ideologías.
Entender que buena parte del resultado representa un rechazo a Trump es el punto de partida.
Trabajar para mejorar el bolsillo de los estadounidenses y, por consecuencia, estabilizar una economía que afecta al resto del mundo, debería ser el destino.
Después de todo:
«It’s the economy, stupid».
Gracias por leer.















