Viernes de Tonterías #4 - El Mundo vs Argentina
Pues, eso.
1. Es un miércoles 9 de julio de 2014. Estoy sentado en una silla de plástico blanca, en una acera, con un par de amigos costarricenses a mi lado.
Frente a mí hay un televisor de cuestionable calidad y, en mi mano, una Brahma del tamaño de un Red Bull.
Si estiro la cabeza ligeramente a la izquierda, se despliega la enorme y hermosa playa de Copacabana, en Río de Janeiro, Brasil. No hay mucho más que le pueda pedir a la vida en este preciso momento.
Seguramente se preguntarán por qué voy a estar frente a la TV cuando tengo tal majestuosa vista a mi disposición. Después de todo, la vida está allá afuera y no encerrada en un dispositivo electrónico.
Bueno, la respuesta es sencilla. Se juegan las semifinales del mundial y hay una tensa disputa entre Holanda y Argentina por un pase a la final.
Detrás mío se empieza a acumular un grupo de gente para ver el desenlace del duelo entre Robben y Messi. Nadie está sentado, solo mis amigos y yo.
Llevamos horas haciéndole el diciembre al amigo del puestito frente a la playa, entre cerveza y cerveza, y, la verdad, las sillas plásticas nos las merecíamos.
Asumo que, por el consumo desmedido, tal vez ya había pagado unas 2 o 3 veces su valor.
Hay 2 chicos argentinos detrás de nosotros, los más ruidosos de la tarde, rodeados de brasileños, europeos y quién sabe qué más.
El dueño del puestito es un señor de 70+ años, con un bigote blanco y un estómago inflado que presumía sería mi futuro si seguía bebiendo de esa manera. Yo llevaba un mes a ese ritmo.
A él le llamaremos Pedro.
De pronto, Argentina ataca por izquierda. Pedro, en su vibra futbolera, grita gol de manera anticipada mientras atiende a sus clientes. El balón, sin embargo, sale abierto muy cerca del palo de los holandeses. Seguimos 0-0.
No tardó la bola en pasar cerca del marco cuando un estruendo de gritos golpeó mi oreja.
“No lo grités!!! ¡No lo cantés, hijo de puta!!! ¿Cómo lo vas a cantar antes? ¡No lo cantés!!!”
Los 2 chicos argentinos se lanzaron contra Pedro, increpándolo por “salar” la oportunidad de Argentina de llegar a una final del mundo por primera vez en 24 años.
Pedro se quedó frío ante el inesperado ataque que acababa de recibir y, la verdad, varios de nosotros quedamos igual.
La intensidad del reclamo argentino no solo fue desmedido e irrespetuoso, sino también desubicado.
Estás en un país que no es el tuyo. ¿Qué hacés pensando que puedes tratar a los locales de tal forma?
La cara de Pedro era de shock y de vergüenza. Me dio pena por él, pero yo sabía exactamente por lo que estaba pasando.
Durante mis épocas de universidad, entre el 2003 y 2007, el uso de fotocopias era muy común a la hora de hacer trabajos.
En el departamento de copias de la U, había un chico argentino, alto, blanco y de cabellera rubia que usualmente te trataba con amabilidad y respeto.
No recuerdo su nombre, pero, por la necesidad de sacar copias todas las semanas, habíamos formado una familiaridad.
En una de tantas mañanas, el tipo llegó con una chaqueta de Boca Juniors. Recién el día anterior, Boca había perdido con River en el clásico.
Y yo, muy ingenuamente, por hacer conversación, algo que en mi día a día es inusual, le dije:
—“Les fue mal ayer”.
Mi idea era hacer una conversación X de un tema que a mí me valía un pepino, pero a él no.
Ese tipo, quien siempre fue amable y respetuoso, se convirtió en un monstruo en menos de un segundo.
— “¿Qué vas a saber de fútbol, ché? Tenemos (inserte la cantidad de copas de entonces) tantas Libertadores. River no existe, pelotudo. Andá cagá, hijodeputa”.
Él no sabía que Boca o River me valían exactamente lo mismo.
Yo no sabía que los argentinos, en menos de un segundo, perdían el concepto de la realidad cuando se hablaba de fútbol.
Esa fue una lección que aprendí a mis 20 años y esa es una lección que Pedro estaba aprendiendo a sus 70+ años en aquella bella tarde-noche de Copacabana, en un julio de 2014.
Mis ganas de decirles algo a los 2 chicos argentinos crecían con efervescencia en mi pecho. Después de todo, yo reconocí exactamente la cara de Pedro, pues yo había sido esa cara.
Pero, pese a mi calentura, también mi mente me dijo que, si decía algo, seguramente esto iba a terminar con algunos puños en la cara.
Esa misma mente ni siquiera sabía si podría permanecer de pie una vez dejara esa gloriosa silla que había sido mi compañía por 4-5 horas.
No pasó un segundo del debate conmigo mismo cuando un brasileño, de lo que yo calcularía eran más de 1,90 m de persona entre músculo, grasa y actitud, se fue encima de los argentinos.
—“¿Sí entiendes dónde estás?”, medio le entendí en su portugués y mi ligero estado de ebriedad.
Seguramente hay una intersección entre su idioma y mis cervezas donde nos entenderíamos fantásticamente. Tal vez habíamos llegado ahí.
—“Estás en Río de Janeiro y no le puedes estar gritando al señor”.
—“¿Qué te pasa? ¿O necesitas que alguien te recuerde dónde estás?”
—“Pero es que lo está cantando antes, che. No lo pued...”
Boom!!!
Estruendo de manotazo en la cara. No puñetazo. Gigante mano de constructor abierta en la cara de uno de los argentinos.
El signo de humillación más grande en una pelea.
Recuerdo que era tan grande esa mano, que estoy seguro de que, a pleno, alcanzó la oreja sin ser el objetivo principal.
El brasileño sacó pecho, expuso su cara y estaba listo para los 2 si era necesario.
Los argentinos no iban a pelear. Calculo que ellos tenían entre 23 y 24 años, mientras el brasileño andaba por encima de los 30.
Lágrimas empezaron a bailar en los ojos de uno de los afectados, mientras el resto de la gente miraba incrédula, pero con satisfacción, lo que acababa de pasar.
Volteé a ver a mi amigo, con indiferencia levanté los hombros y, sin estrés alguno, seguimos en el plan cerveza y semifinal del mundial.
Pedro seguiría atendiendo nuevos clientes que pasaban por Copacabana pidiendo un refresco para adornar esa mágica tarde-noche de Río.
Argentina pasaría a la final del mundial en penales, pero ese evento canónico marcó mi percepción sobre ellos.
No son todos. Hay excepciones, pero sí la mayoría. Especialmente los que viven el fútbol de manera desmedida, como una religión sin oposición.
Mi hijo no sabe esto, pero, cuando Argentina perdió la final de Italia 90, me encerré de chico en mi cuarto, amargado por la derrota.
En mi casa, mis padres apoyan a Argentina y a Maradona. No a niveles extremos, pero no niegan su gusto por ese estilo. Y yo, por añadidura e ingenuidad, compartía ese sentimiento.
Desde aquella tarde-noche en Río, cuando trataron de humillar a Pedro, no soporto su manera de “vivir” el fútbol.
Y, si a eso le añado que esa misma manera desubicada y grotesca de vivir un deporte se traduce en las bajezas que hace su selección en la cancha, con patadas y artimañas dignas de perdedores, más me convenzo de que estoy en el lado correcto de la historia desde el 2014.
Mis padres siguen apoyando a Argentina en cada mundial y en cada Copa América.
Yo siempre les digo: “Vas con Argentina, porque aún no conoces a un fanático argentino”.
2. Me encontré este video de la supuesta falta de Merino sobre Nicolás Otamendi que anuló un gol de España.
El video supera las 4 millones de visualizaciones en Twitter, lo que habla de lo increíble del hecho.
Otamendi se lanza al suelo y se toma la pierna equivocada, efectivamente vendiéndole la falta al árbitro.
Ahora, lejos de discutir lo que considero que es una más de las artimañas de los jugadores argentinos, quiero que me lean un segundo sobre un pensamiento que he tenido ya desde hace varios años.
Un pisotón no debería ser falta solo porque sí. Para que sea falta, tiene que existir una fuerza desmedida o que la acción le impida al contrario hacer su trabajo.
Es decir, si te piso el pie, el pisotón tiene que ser tan desmedido y con tanta fuerza que no da para discusión. Y eso va tanto para atacantes como para defensores.
Por el contrario, si necesitas tirarte al suelo como si te hubieran disparado en una película de bajo presupuesto de los 90, como el caso de Otamendi, entonces no es falta. Simplemente estás tratando de engañar al juez.
Yo soy del campamento de que NO todo contacto en el área es foul, porque el fútbol, como la mayoría de deportes de equipo, es de contacto, y existe el contacto accidental y el contacto desmedido. Hay que hacer una diferencia.
Pero, especialmente, estoy del lado que quiere que se pregunte si el contacto impide que hagas tu trabajo y, a partir de eso, hacer el juicio de valor.
Aquellos que siguen el fútbol muy de cerca todos los fines de semana no comparten este pensamiento y presumo que es porque están muy cerca de los hechos.
Se han acostumbrado a que lo que hizo Otamendi es lo normal. Y no debería ser así.
Alguien que fuma se ha acostumbrado a lanzar los restos del cigarro a la calle, simplemente porque así lo ha hecho toda la vida.
Uno de mis mejores amigos es ingeniero forestal y, cada vez que fuma, lanza “la chinga” (así le decimos en Costa Rica) a la calle.
Independientemente de sus valores y estudios, lo hace por costumbre y no se pregunta si está mal o no. (Claro que está mal).
Y así están los que se han acostumbrado a que cualquier contacto debe ser falta si el jugador está en el suelo, eso sin tomar en cuenta si pretendía más el engaño que la justicia.
Mi hijo Ilhan, como lo he explicado en varias columnas, juega al fútbol. Si lograran ver sus uñas negras y quebradas de tanto pisotón que sufre todas las semanas, no me creerían.
Es parte del juego de contacto y él, desde nuestro punto de vista de ver el fútbol, tiene prohibido tirarse al suelo para engañar al referí. Es un imposible en nuestra casa, más allá de si sus rivales o compañeros lo hacen.
Y esa fue una de las cosas que le admiré a Messi en su primera época en el Barcelona. Cuando lo cagaban a patadas, el tipo se levantaba, no pestañeaba y seguía.
Lo que me lleva a lo siguiente…
3. ¿Qué mierdas pasó con ese Messi?
Y no estoy hablando de su juego. Messi difícilmente te aporta algo en defensa y mucho menos a los 39 años.
Lo hemos visto caminar cuando el Barcelona permitió insólitas remontadas ante la Roma y Liverpool en la Champions, pero también en aquella humillante caída 8-2 ante el Bayern.
Verlo caminar mientras el resto de sus compañeros corre desesperadamente, jugando con uno menos en defensa, no es nuevo.
Cuando hago la pregunta “¿qué le pasó a Messi?”, reduzco todo al momento en que intentó acusar, como un pillo, a Marc Cucurella de taparse la boca para hablar.
La acción es de alguien desesperado por el baile descomunal que le están pegando en ese momento, pero también es una bajeza de alguien que está dispuesto a hacer lo que sea por ganar, independientemente de si es correcto o no.
Messi no quedó pequeño por el accionar de España en el campo, quedó diminuto ante su propia acción deshonesta por sacar una ventaja sin vergüenza alguna.
No hay un gesto en toda su carrera o derrota que sea tan dañino como los 10 segundos en los que trató de sacar ventaja de manera desleal cuando todo el planeta estaba viendo.
4. Por cierto, esa regla de taparse la boca merece expulsión debe irse del fútbol.
No tiene nada que ver con el juego y, si bien su intención era noble, ya vimos que los jugadores están dispuestos a usarla de manera ventajista.
Aquí está el “siempre correcto” Leandro Paredes acusando a Harry Kane de algo que no existe.
Volvimos el campo de juego un salón de escuela para niños acusetas.
5. Una de las mejores cosas de que Rodri haya ganado el mejor jugador del mundial sin hacer un solo gol o una sola asistencia es que se puede recompensar el fútbol simplemente por el hecho de poner atención.
En unos años a Rodri no lo vas a encontrar en la lista de estadísticas, ni aunque lo busques con lupa.
Pero su juego recompensa al aficionado que ve los juegos y pone atención. Y recompensa aún más a los que entienden lo que están viendo.
Para mí es difícil vender con palabras por qué considero que Zinedine Zidane es el mejor jugador que han visto mis ojos.
Rápidamente, en una conversación de estas, mi contraparte apunta a estadísticas que seguramente harán de su argumento el ganador, si se tratase de una competencia.
Pero Zidane es el arte de la elegancia, de hacer que lo imposible se vea sencillo, mientras dominaba el sector del campo a placer contra las mejores selecciones y equipos del mundo de su época.
Las estadísticas no podrán contar su historia nunca, independientemente de si tiene más goles en finales de Copa del Mundo que Messi, Maradona, Ronaldo y CR7.
No es ahí donde está la belleza de su juego.
Y no es ahí donde está tampoco la de Rodri. Un jugador que ha dominado el arte de hacer lo sencillo en medio del caos del medio campo.
Rodri es tan importante para esta España como cualquier gran jugador en la historia de este deporte.
Simplemente tienes que poner atención.
6. Una de las ventajas de no ver TODOS los partidos de fútbol TODOS los fines de semana es que puedes ir descubriendo equipos y jugadores con ojos vírgenes.
Es una de mis nuevas fascinaciones cuando llegan los torneos de selecciones.
En el 2024, hice #ElShowdeCopas con Mauricio Quesada hablando de la Euro y la Copa América.
Saliendo de la victoria de España y Argentina, una de las preguntas que nos hacían era quién pensábamos que sería el campeón del mundial si estas dos selecciones se enfrentaban.
La respuesta obvia hoy es España, pero también me pareció obvia entonces. Para mí no estaban en el mismo nivel, de acuerdo con lo que mis ojos veían.
Y este video de abajo explica por qué es tan difícil vencer a España. Cuando Enzo Fernández recibe el balón, hay 3 jugadores a su alrededor listos para morder.
Una vez recuperado el balón, los jugadores españoles tienen una exquisitez técnica que les permite manejar los escenarios de presión con autoridad.
Argentina simplemente no tenía oportunidad.
7. La predicción de Ibai (no sé qué es lo que hace, pero Ilhan lo menciona de vez en cuando) será, a partir de ahora, la madre de todas las predicciones.
Alguien tendrá que venir con una nominación para bajarlo del Top 1.
8. En abril, Ilhan y yo estábamos en un hotel en Múnich viendo el Barcelona vs. Atlético de Madrid, mientras esperábamos por el Bayern vs. RM del día siguiente.
Mientras él me preguntaba por 5.ª vez si yo pensaba que el Barça podría regresar de la desventaja del primer juego, le decía que sí, que me parecía que con un gol temprano se abría la serie.
Ferrán Torres sería quien anotaría entonces el 2-2 parcial, y le mencioné al momento: “A mí me gusta cómo juega Ferranchi”.
Él me respondió: “¿Sí sabés que lo critican mucho?” y procedió a explicarme por qué.
Yo, en mi mente, no entendía, porque no calzaba con lo que yo veía en su juego, pero siempre estoy dispuesto a conceder, pues no veo tanto fútbol como el aficionado promedio.
Cuando a Ferrán no le contaron el gol ante Arabia Saudita y el video suyo diciendo “Por favor, que sea gol” rodó por redes sociales, me hice su fan.
Cuando la vida le dio una revancha indeleble en una final de la Copa del Mundo, me acompañó un aire de orgullo.
Lo peor es que ni lo conozco, ni es de mi equipo y no sé nada de él. Pero me invadió la satisfacción por el muchacho.
Estoy a nada de comprarme la 7 de España.
9. El video de arriba de Ferrán dice: “Los tiempos de Dios son perfectos”.
Yo no creo en eso particularmente, pero ya que estamos ahí...
Vaya manera de bajarle el feeling a una Copa del Mundo de parte de Justin Bieber.
10. Me gusta imaginar que en alguna casa de Estados Unidos hay un tipo que ve fútbol regularmente y que invitó a sus amigos para que vieran la final.
De pronto salió el cadáver de Madonna con los 2 Ronaldos, y alguien le preguntó: “¿Y ellos quiénes son?”
Y su respuesta fue: “El gordito es seguramente el mejor delantero de la historia del fútbol”, mientras R9 estaba en pantalla haciendo esto:
11. Mi video favorito del mundial viene cortesía de Mikel Merino.
He visto su interpretación del “bailecito de Trump” unas 50 veces, y cada vez me río más fuerte que la anterior.
12. Otro video que he disfrutado muchísimo es el del piloto de este avión contándoles a sus pasajeros que España es campeona del mundo.
Es el arte de la comunicación en su máximo esplendor, pues nunca dice que España ha ganado, pero todo el mundo entiende su mensaje.
13. Uno de los fenómenos argentinos tras la derrota ha sido ver a los comentaristas preguntarse por qué todo el planeta estaba en su contra en esta final.
Diría que de manera hasta ingenua y con un punto ciego enorme.
Aquí hay 2 interesantes videos que intentan explicarlo.
Opción A:
Opción B:
Curiosamente, yo tuve esta conversación en privado con 2 aficionados argentinos que me escribieron hace semanas sobre este tema. No días, semanas.
Lejos de repetir la conversación, mi conclusión fue y sigue siendo que, si tantas señales apuntan al mismo lado, es bueno preguntarse qué estoy haciendo mal para que así sea.
Muchas, muchísimas veces dejamos de lado el vernos al espejo del alma, por miedo a lo que podemos encontrar.
La afición y el fútbol argentino tienen la oportunidad de construir una nueva imagen a futuro, jugando y ganando con clase.
Esto es corregible, pero se necesita aceptar que hay un problema cultural.
Porque, como lo mencioné en el primer punto de esta columna, nada de esto es nuevo:
14. Por último, y en el punto más triste de todo esto, llegué a una realización esta semana.
El martes llamé a mi papá para hablar de la final. La verdad es que en los últimos años nos hemos distanciado porque su manera de pensar se volvió radical y lejos de los valores que, irónicamente, él me enseñó de niño.
Solíamos tener conversaciones de fútbol todo el tiempo. Hablábamos de Maradona, Pelé, Platini (su favorito) y muchos otros jugadores históricos.
Él entrenaba equipos, así que muchos de mis recuerdos de niño eran seguirlo a él y a sus equipos por Costa Rica en diferentes torneos.
Naturalmente, quería escuchar sus teorías de por qué Argentina había perdido de manera tan abrupta una final.
Y hasta le di chance de 2 días para que se calmara, por si existía alguna calentura por la final.
Tras el saludo inicial, le pregunté:
– “¿Qué te pareció la final?”
– “¿Cómo que qué me pareció? Le robaron a Argentina”.
– “¿Cómo?”, le respondí de manera incrédula.
– “Estaba arreglado. No los dejaron jugar como cuando Grondona le cortó las patas a Maradona. Estaba todo hablado”.
Les juro que esta era mi cara en el teléfono mientras él seguía y seguía con sus teorías de conspiración.
Teorías que, por cierto, eran calcadas a todas las que andan en redes sociales dando pena.
Cuando les mencioné que nos hemos distanciado por sus puntos de vista, ya podrán saber por dónde viene el asunto.
Inicié diciendo que este es el punto más triste, porque es complicado para mí llegar a la realización de que perdí a mi padre por culpa de TikTok.
Gracias por leer.



